Opinión en Cuestión

diciembre 16, 2009

La falta de acuerdos, motivo de la reforma política de Calderón

Filed under: Uncategorized — nigromante1 @ 4:38 pm

Por Gilberto Sánchez

A Miguel Segura, todo lo mejor, suerte.

La reforma política de 1976 contempló cambios importantes en el régimen de partidos y en las elecciones en general, cosa que se materializo un año después. A partir de 1977 se registra una competencia electoral que empezó en los municipios, paso por los distritos electorales, las gubernaturas (Baja california en 1989) y terminó en la presidencia (Fox en el 2000).

   Esta competitividad altero el sistema político mexicano, lo desarticulo, principalmente porque el poder se fragmento y esto se podía ver en la cámara de diputados. La presencia de más diputados de la oposición y la caída en la votación del PRI ponía en riesgo la mayoría calificada del tricolor, por eso tuvo que echar mano de la legislación electoral para que a través de los diputados de representación proporcional pudiera conservarla y con ello poder reformar la constitución.

    En 1986 se vuelve a reformar la constitución para hacer crecer la cámara de diputados de 400 a 500 bajo la lógica de seguir conservando la mayoría calificada, sin embargo, los resultados de 1988 dieron al traste con el objetivo de la reforma. A duras negociaciones pudieron alcanzar la mayoría absoluta, lo que le costo al PRI tener que ceder ante el PAN en las subsecuentes reformas electorales.

   Por primera vez el Presidente no tenía una cámara a modo, tuvo que negociar con los panistas las reformas a la constitución, en cambio, el PAN obtenía del Presidente el reconocimiento de triunfos electorales, lo que se dio en llamar <<concertacesiones>>. La posición de chantaje (en los términos de Giovanni Sartori) que el PAN tenía frente al Ejecutivo y las reformas electorales que ponían contra la pared al PRI (porque lo obligaba a ser un partido competitivo) pusieron en crisis al sistema político. Las reglas se rompieron y no se pudieron articular otras que las sustituyeran.

   Con un sistema en crisis se realiza la elección presidencial de 1994, donde el Presidente electo, Ernesto Zedillo, ingenuamente piensa que con una reforma electoral <<definitiva>> podrá articular nuevos arreglos políticos que no precisamente se resuelven en la arena electoral. Así, con un presidente sin partido (la <<sana distancia>>) se llega a la reforma electoral de 1996 bajo la cual el PRI pierde, el año siguiente, la mayoría absoluta en la cámara de diputados, legislatura en la que se instauran los gobierno no unificados en México.

    1997 es la fecha en la que la falta de acuerdos entre el Ejecutivo y el Legislativo, en todos lo rubros, será una constante. Empezando con el paquete fiscal de ese año, donde se tiene que para el reloj legislativo para no caer en fuera de tiempo.

    Después, en el 2000, llega Vicente Fox, quien genera altas expectativas que no podrá cumplir y para 2003, ya con desesperación, pide a los electores quitarle el freno al cambio, en otras palabras, no tiene el número suficiente de legisladores para que aprueben sus iniciativas.

    La elección de 2006 es sumamente cerrada y pone entredicho el edificio institucional electoral que deja como saldo la salida escalonada de los consejeros electorales del IFE. De nueva cuenta, como Fox, Felipe Calderón no logra acuerdos de gran envergadura para las reformas de fondo que busca. Y lo mismo que Fox, en las elecciones intermedias (2009) no logra la mayoría panista en la cámara baja.

    En resumen, el diseño electoral arroja de manera sistemática gobiernos unificados que obligan a la negociación permanente, si aunamos a eso un sistema de comisiones en las cámaras que impiden llegar a acuerdos.

    Así, el Presidente Felipe Calderón piensa resolver la falta de acuerdos con la reelección de legisladores y ayuntamientos (aludiendo profesionalismo y acercamiento con los ciudadanos, pero no dice que pueden regresar los caciquismos), reduciendo la cámara de Diputados (creyendo que con 400 podrá ponerse de acuerdo que con 500, dirían los más ingenuos, pero el fondo es que con la reducción piensa modificar la correlación de fuerzas políticas, claro, a su favor, sino hagan cuentas) y la de Senadores, debilitando a los partidos políticos (candidaturas independientes), desapareciendo la pluralidad partidista (pierde el registro el partido que no alcance el 4% y ya no el 2%), llevando a la segunda vuelta la elección presidencial si no alcanza la mitad de los votos (cosa que no sucede desde 1988) y que se realice a la par de la elección de diputados (para tratar de que halla votos congruentes, esto es, que quienes voten por Presidente también lo hagan por su partido para diputados y así tener más posibilidad de alcanzar la mayoría).

    En todo caso, proponer su reforma política el último día de actividades de las cámaras es tan sólo para abrir el debate y ver los apoyos, rechazos y consensos que puede generar, en suma, quiere medir el pulso de la opinión pública.

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